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¡LAS ZORRAS TIENEN GUARIDAS! (nueva)
 
 
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Jesús dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo
del hombre no tiene dónde recostar su cabeza. S.Mateo 8:20

La primera vez que leí este versículo de la palabra de Dios me sentí miserable, me sentí asqueado, me sentí vil y culpable. Son una palabras muy profundas, palabras que rompen los huesos, palabras que colocan a uno en la punta de una espada.

Aquél Hijo del Hombre que lo había abandonado todo allá en el tercer cielo, que había renunciado a su naturaleza divina, que había dejado el más hermoso de los palacios para venir a nuestro planeta a pagar un precio por una causa de la cual él era inocente decía con pena y agustia que no tenía ni una cueva en la cual reclinar su cabeza sobre una roca.

Jesús no hablaba de una roca en medio de una cueva sino del corazón del hombre, Hay espacio para todo en nuestras vidas, pero no hay un rincón para Dios. Esas mismas cosas Dios la había estado afirmando durante aquellos 4000 mil años. No hay Dios en el pensamiento de los impíos. "Dijo el necio en su corazón, no hay Dios".

Pero más triste aún es que Jesús no encontró en el pueblo judío, en aquel pueblo que Dios había amado tanto, lugar para él. El Señor lo sabía, sería echado del pueblo que vino a Salvar. Aquellos religiosos tenían espacio para todo menos para Dios, menos para Jesús, menos para sus palabras.

Había espacio para los deleites del mundo, para la avaricia, para la mentira, para las tinieblas, para las injusticias, había espacio para todo lo malo, lo indeable, lo abominable en el corazón del ser humano, pero no había espacio para dejar recostarse a Dios. Jesús lo sabía, podía ver a las zorras ir a las cuevas y acostarse tranquilamente o a las aves construir sus nidos y descansar armoniosamente, en cambio él, el Príncipe de los príncipes, el Rey de reyes no encontraba una cueva para descansar.
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Jesús sabía muy bien a que se estaba refiriendo, la zorra es símbolo del mal, del diablo, del falso profeta, del engaño y la mentira. Jesús sabía que aquel pueblo no iba a creer en sus palabras, que lo iban a acusar injustamente, que le llamarían falso mensajero, endemoniado. Ese pueblo siempre había escuchado al falsante, al hombre que hablaba de sí mismo y no del mensaje de Dios.

Así ha dicho Jehová el Señor:¡Ay de los profetas insensatos que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto!

Como zorras en los desiertos fueron tus profetas, oh Isarel.
Ezequiel 13:4-5

Eso no ha cambiado. Hoy hay muchas zorras y zorros que predican doctrinas que nos apartan de la verdad de Dios. Hombres y mujeres que han dado cabida a cosas que no agradan a Dios, echan fuera las palabras verdaderas del evangelio y enseñan el error. Suben a los púlpitos sumergidos en pecados a predicar sermones cargados de engaños y de mentiras. Hablan sus propias palabras y callan el mensaje de Jesucristo, expulsan a Dios de sus templos y dejan que las iglesias se conviertan en cueva de lobos y zorras.

Dios quiere descansar en corazones puros, que le amen, que le adoren, que le sirvan en espíritu y en verdad. Dios quiere que nuestros cuerpos se conviertan en templos de oración, Dios está buscando adoradores que le adoren de verdad.

Aquellos profetas de Israel querían agradar a sus reyes, querían agradar al pueblo, por eso callaban, por eso no advertían al pueblo de su pecado y a los gobernantes de su maldad, por eso preferían sentarse a la mesa con los idólatras, como hacían los falsos profetas con Jezabel, por eso callan, enmudecen mientras el pueblo es guiado por sus falsedades.

Las zorras tienen cuevas, las zorras de Satanás buscan entrar a las iglesias y recostar sus cabezas para luego devorarlas. Esas zorras y zorros son los falsos predicadores, los mensajeros del mal, de la doctrina de demonio, los mensajeros que no tienen la inspiración del Espíritu Santo, que usan su propia sabiduría para dirigir a la iglesia.

Jesús sabía además de las intenciones de las autoridades de Jerusalén de acallar su voz, de silenciarlo, de prohibirle predicar el mensaje de Dios, el mensaje que su Padre le había dado. Jesús era un mensajero divino, vino a la tierra a traer el mensaje de la esperanza, el mensaje de salvación, el mensaje que libera y transforma. Era un mensaje duro que no le gustaría escuchar a los religiosos de su tiempo ni tampoco a las autoridades romanas.

Los falsos profetas hubiesen predicado el mensaje que el pueblo quería escuchar, el mensaje que los romanos querían escuchar, pero Jesús era el gran profeta, el Hijo del Altísimo y no callaría ante el peligro ni las amenazas. Jesús identificó a Herodes como una zorra que no iba a acallar su voz.

Aquel mismo día llegaron una fariseos, diciéndole:Sal y vete de aquí porque Herodes te quiere matar.

Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra.

Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.

S. Lucas 13:31-33
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Jesús vino al mundo a traer el mensaje del evangelio. A través del tiempo Dios había intervenido con Israel. Dios le había establecido una Constitución para que el pueblo pudiera permanecer en el camino de la verdad. Pero Israel hizo todo, menos obedecer a Dios, hasta el punto que le dieron la espalda y pidieron un rey. No solamente hicieron eso, sino que se fueron detrás de los baales.

Así que Jesús vino cuatrocientos años después del último rey de Israel y cuatrociento años después de la destrucción del primer templo. (3548D.A).

Israel había matado a los profetas que Dios le había enviado, no creyó en los mensajes de estos profetas sino que se dejó engañar por muchos falso profetas. Así que ahora cuando Jesús llega la nación judía está bajo el dominio del Imperio Romano. Había pasado 1362 años después que Dios los había liberado del Imperio Egipcio en el añ 2638 D.A. y 1322 años desde que terminó su caminata por el desierto y había entrado a la tierra prometida. Esta nación estuvo bajo el mandato de un rey por 514 años. Los primeros 120 años fueron ocupados por el reinado de Saúl (40), David (40) y Salomón (40). Luego pasaron 394 años desde Salomón hasta Sedequías (3548 D.A)

Durante casi 500 años Dios estuvo enviándole profetas a Israel, pero siempre era lo mismo, los perseguían y los mataban, Juan el Bautista fue el último y fue asesinado por Herodes. Así que ahora estaba el Profeta de los profetas en persona y este pueblo no respetaría que fuera el Hijo de Dios y también lo mató. No había espacio para Dios en el corazón de su pueblo. Es triste decirlo pero la maldad del pueblo judío es grande cuando vemos la historia que nos presentan las Sagradas Escrituras.

Es por eso que vino a los suyos y los suyos no le recibieron, pero Cristo encontró un lugar en el corazón de muchos entre los gentiles y un remanente de Israel. Ese grupo recibió ese mensaje glorisoso, el mismo mensaje de salvación que hoy miles y miles predican por todo el mundo. Es el mismo mensaje, sin adulterarlo, sin suavizarlo, sin cambiarlo, sin corromperlo. Hay que predicar el evangelio tal como fue predicado por Cristo y por la iglesia primitiva, el evangelio no cambia de acuerdo a las culturas, los tiempos ni las lenguas. Es palabra que permanece para siempre, sólo hay un fundamento y ese fundamento es Cristo Jesús.
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En ese ambiente de incredulidad, de asiendad, de presión, de problemas es que llega el Hijo de Dios a la tierra. Está en una Jerusalén llena de temores, de dudas, de angustia. El dominio de los romanos era una espina en el costado del pueblo judío, poco disfrutaron de la la libertad, luego del cautiverio babílónico. Habían sufrido 400 años en tierra de los egipciios (2238-2638), luego estuvieron cuarenta años en el desierto bajo la dirección de Moisés (3638-3678),más tarde estuvieron bajo la dirección de Josué y los jueces por 356 años, tiempo en que estuvieron rodeados de enemigos en la tierra prometida(2678-3034),
después estuvieron bajo la dirección de Saúl, David y Salomón por 120 años (3034-3154 D.A). Estuvieron bajo los sucesores de Salomón hasta el año 3530 D.A. (356 años) y fueron invadidos por el rey Nabucodonosor en ese año y destruidos en el 3548. El cautiverio babilánico comenzó en el 3530-3600). Estas fechas están determinadas por el calendario bíblico y no por el calendario romano. El templo fue destruido en el 3548 y luego reconstruido por Herodes en el año 3976 DA.

Así que el ambiente en Israel era uno tenso, había mucha confusión religiosa y se habían levantado muchos falsos profetas. En este ambiente llegó el Mesías con un mensaje revolucionario que el pueblo no aceptó. Aceptaban los milagros, los panes y los peces, pero no las palabras de Cristo. Aquellos seres humanos iban tras la bendición y no tras la obediencia a Dios.
El mensaje de Jesús causú gran revuelo ya que Jesús puso en tela de juicio a las autoridades religiosas de Israel y a su práctica religiosa. En el otro bando estaban los que esperaban a un Cristo libertador, un líder que fuera capaz de enfrentarse al imperio como lo hizo Moisés con Faraón, esperaban a un Mesías político, a un rey que estableciera el imperio judío en medio del Imperio Romano. Muchos se unieron a Jesús pensando en obtener posiciones de poder, de mando, pensando en obtener riquezas.

Los religiosos esperaban que Jesús aplaudiera sus acciones, su proceder, su práctica religiosa. Pero Jesús no vino a eso, Jesús no vino a establecer un reino humano, Jesús no vino a establecer un imperio ni a enfrentarse al imperio de los romanos. Y eso no le gusto a los judíos.

No lo vieron como una luz, como un camino a la salvación, lo vieron como un peligro para la nación, pues temían a los romanos, sabían que estos seres eran muy crueles, recordaban la matanza que hicieron en el templo, recordaban los abusos de los nuevos gobernantes.

En aquel pueblo había espacio para todo menos para Cristo, preferían escuchar a las zorras que al Hijo de Dios.
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Los pájaros tienen sus nidos donde dormir,descansar y cantar alegremente, el rocío la hoja por donde se desliza con suavidad, el arcoiris la nube donde se acuesta para mostrar su gama de colores, su belleza, el río tiene su cauce por donde se deja llevar hacia el mar, el viento tiene su espacio para viajar alegremente, el sonido tiene al aire por el cual viaja velozmente, los peces tienen el mar en donde viven, pero Dios no encuentra un espacio en la humanidad, en el corazón y el pensamiento de los seres humanos.

No hemos estimado el sacrificio de Cristo, no hemos valorizado su muerte y su sacrificio. El está a la puerta de nuestro corazán tocando continuamente, la abriimos a todo el mundo, menos a él.
Jesús nos ha mostrado su amor, nos ha invitado a su casa, a su reino, a su boda y le hemos dicho no.

Si nos invitan a una borrachera vamos, si nos invitan a drogarnos, vamos, si nos invitan a robar, vamos, si nos invitan a corrompernos, vamo. Sí, vamso a todas partes sin preguntar, sin importar el tiempo, el riszgo, las consecuencias. Pero Dios nos invita a servirle, a aceptar al Cristo como nuestro Redentor y Salvador y decimos no.

Hay quien ha buscado a otra redentor, a otro salvador, y ha rechazado al verdadero, al único que nos puede salvar y libertar del pecado.

Hemos dado cabida en nuestras mentes y en nuestros corazones a la astrología, la brujería, la hechicería, la idolatría, al culto de los santos, a la parasicología, a la ciencia, algunos han abrazado a falsas religiones, a doctrinas de demonios y hasta han aceptado a Satanás como su señor, pero no han aceptado al evangelio de Jesiucristo. Un mensaje hermoso, un mensaje de arrepentimiento y de perdón, un mensaje de solidaridad, de libertad, un mensaje de poder.

Nos hemos hecho aliados de nuestro peor enemigo, Satanás, escuchamos su voz como la escucharon Adán y Eva, como la escuchó Caín, como la escuchó Coré y sus hombres, como la escuchó Jezabel, como la escuchó Acab, como la escuchó Judas. Es la misma voz mentirosa, engañadora que escuchan todos los dictadores, los falsos profetas, las falsos religiosos. Sin embargo, rechazamos la voz de Jesús que nos lleva por el camino de la vida.

Satanás nos induce a la guerra, a la soberbia, al crimen, al hurto, a los vicios, a la injusticia, nos induce a hacerle daño a nuestros hermanos, nos echa a pelear mientras que Cristo nos habla del amor al prójimo, del perdón, de la honestidad y de la justicia, nos dice que debemos compartir lo que tenemos con aquéllos que nada tienen, que demos de beber al sediento, de comer al hambriento y que demos ropas al desnudo.

Es ese mensaje de caridad, de luz, de fe, de esperanza que debemos predicar. Cuando lo hacemos le estamos dejando un espacio en nuestras vidas a Dios para que entre y more en medio nuestro. Si lo hacemos escontraremos la ruta al cielo, la ruta a la tierra prometida, la ruta al Paraíso y llegaremos a tiempo a la Boda del Cordero.

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Venid a mí todos los que estáis trabajados y cansados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.
S.Mateos 11:28-30

Es el llamado de Jesús a todos los seres humanos. Todos necesitamos encontrarnos con Jesús, todos tenemos nuestra necesidad de pasar nuestras cargas a él, nuestros pecados y enfermedades. Nadie podrá llevar la carga solo hasta la muerte y luego reclamar salvación. No hay salvación fuera de nuestro Señor. Es necesario que nuestra lepra pecaminosa, que nuestra levadura que ha dañdo todo nuestro cuerpo y alma sea depositada sobre los hombros de Jesús ya que él las llevó a la cruz del Calvario.

Cuando salismo de la barca que estaba a la deriva, cuando salimos de la barca mundanal en la cual no cabía Jesús, cuando dejamos el camino espacioso, cuando dejamos de escuchar la voz del maligno y nos acercamos a Jesús, él no nos echa fuera, sino que nos recibe tal como estamos, tal como somos, tal como nos encontró varados en el camino de la vida.

Ese llamado sigue vigente, Jesús nos llama, llama a todo el mundo, llama los que necesitan un buen médico, un buen cirujano, un buen pastor. Jesús es nuestra alternativa, Jesús está a la puerta y nos llama. He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.
Apocalipsis 3:20

Jesús toca la puerta, no importa cuan rica o pobre sea la casa, no importa si eres rey , presidente, reina o zapatero, siervo, no importa si tienens títulos universitarios o nunca hayas entrado a una escuela, no importa la rza, la lengua, el lugar de nacimiento, no importa tu nivel de conocimientos, Jesús está a la entrada de tu puerta y toca, el no forzará la entrada, debes hacer como Zaqueo, abrir la puerta de tu casa, de tu corazón, deja que Jesús penetre al interior de tu vida y un rayo de su luz divina te transformará para siempre.

El encuentro con Cristo no es un encuentro con una religión, sino el encuentro maravilloso del evangelio de poder, una fuerza que nos cambia, que nos transforma, que nos hace nacer de nuevos, una fuerza que sepulta el viejo hombre, al hombre lleno de lepra, de levadura, de gusanos. Las religiones esclavizan, el evangelio liberta, las religiones te sumen en las tinieblas, el evangelio ilumina tu vida, los religiosos mataron a Cristo y matarán tu fe en Dios, pero el evangelio te acerca al Creador cada día más. No hay otro intermediario, sólo tú y él. Ve a tu cuarto, a tu morada, a tu rincón y con humildad, sin soberbia ni orgullo, dile que tienes un espacio en el cual él puede reclinar su cabeza, no tienes que hacer una larga oración, ni prender velas, ni rezar ningún rosario, no tiene que confesarte delante de un hombre, simplemente haz lo que hizo el ladrón en la cruz: Reconoce a Cristo como tu salvador y dile que se acuerde de ti en su reino. Te digo que si o haces de corazón, será otra persona que salga de tu cuarto, de tu ricón, de tu morada. Jesús perdona al instante, no importa cuanto hayas pecado, su sangre cubre todas tus faltas. Los leprosos fueron limpios al instante, así serán limpios todos los que crean en Jesús.
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No hay registrado en la historia un crimen tan horrible como el de nuestro Señor. Porque este fue un crimen vicioso desde la perspectiva humana. Jesús fue sometido a un proceso amañado, lleno de mentiras, calumnias y falsos testimonios. El asesinato de Jesucristo es una mancha para el pueblo romano y el pueblo judío. Es absurdo que Roma acusa a Israel e Israel acusa a Roma. Pero la Biblia es clara, tanto las autoridades judías como las autoridades romanas deseaban matar a Cristo, pues veían en peligros sus aspiraciones a seguir gobernando. Herodes lo amenazó de muerte y lo mandó a salir de Jerusalén, Pilato dijo que estaba en sus manos condenarlo o libertarlo y las autoridades religiosas de Israel decían que era mejor "que un hombre muriera por la nación y no la nación por un hombre".

Así que ambas naciones fueron responsables de la muerte de Jesucristo. Ni siquiera le garantizaron un juicio justo, por el contrario no perdieron la oportunidad para burlarse, herirle y golpearlo. Era una jauría de perros rabiosos dirigidos por las mismas fuerzas del mal.Fue un día de tinieblas para la humanidad. Los demonios se apoderaron temprano en la noche del jueves, Satanás indujo a Judas a entregarle y la pandilla de delincuentes subió al monte en la madrugada del viernes para tomarle prisionero.

Desde la seis de la mañana fue llevado a distintas autoridades romanas, ninguna encontró causa contra él, sin embargo, no lo libertaron. Tres horas de sufrimiento, tres horas de golpes, de puñetazos en su rostro, tres horas en las cuales escuchaba las burlas, los gritos, los insultos, tres hora de locura colectiva. Sin causa alguna lo entregaron a sus verdugos, tanto romanos como judíos se mofoban de él. Pilato, el hipócrita más grande, que creyó que con lavarse las manos dejaba de ser responsable de su muerte, lo entregó para que lo azotaran.

Y aquel látigo infernal golpeaba su espalda haciendo que la carne brotara mezclada con su sangre, sangre y sudor como había sudado gotas de sangre mientras le pedía su Padre que lo librara de aquella amarga copa que debía tomar, aquellos latigazos que dejaban surcos ensangretados, surcos de muerte, surcos de dolor, su espalda fue molida a latigazos. Y aquellos malvados cortaron la planta llena de enormes espinas, y fabricaron una corona de burla y la pusieron sobre su cabeza adolorida por los palos que le dieron en su cabeza y los golpes de los puñetazos, y penetraron las espinas desgarrando su piel, y el Maestro silencioso, callado como había profetizado Isaías, sufría en silencio, el viendo callaba, las nubes lloraban y se tragaban sus lágrimas para no mojar el cuerpo de Cristo, y los perros gritaban crucifícale y Barrabás en una esquina reía, reía, reía. Y el camino era más largo, más tedioso, y Cristo caía una y otra vez, y el Cirineo se acercó y levantó la cruz, hubo silencio en el cielo, los ángeles cambiaron sus rostros y una fina hilera de diamante corría por la mejilla del Padre Celestial y la gente gritaba y gritaba.

Y las mujeres que le amaban lloraban desesperamente y notaron su mirada dulce, su mirada profunda y penetrante y escucharon aquella voz deliciosa y la profecía surcó sus labios: "no lloréis por mí, llorad por vosotras y vuestros hijos"... y sintió otro golpe, y le escupían en el rostro, y lo pateaban. Y Jesús veía a los que sanó, a los que le escuchaban a la orilla del mar, a los que vio en el monte y alimentó, y su mirada se perdió y no vio a sus discípulos e imploraba por ellos... y los rayos del sol golpeaban su espalda como un látigo endemoniado.

Y Jesús que podía ver más allá de la vista de los sentidos veía la hilera de demonios injuriándolo para que se levantará como Dios y acabará con toda aquella gentuza que pedía su muerte, pues ellos sabían que si lograba llevar la cruz al monte y moría su amó, Satanás, sería echado del tercer cielo... pero Jesús arrastraba la cruz lentamente, confiado en la victoria, confiado en que vencería al mal. Su lucha no era contra aquellos infelices cegados de maldad, su lucha era contra el Prícipe de las tinieblas y sus huestes de demonios y ángeles caídos, Jesús sabía que la verdadera batalla se daría en el tercer cielo, Jesús sabía que esa era la batalla importante, si vencía, no solamente establecería un nuevo pacto, sino que lograría echar fuera al enemigo de Dios y de la humanidad.

Fueron tres horas terribles. Tres horas que le indicaban que al tercer día resucitaría victorioso, tres horas que le indicaban que tres mil años después reinaría sobre el remanente de Israel. Entonces sintió el golpe de los enormes clavos, sintió su carne desgarrarse, sintió el dolor del pecado de toda una humanidad, y sintió cuando clavaron sus piernas, y la brisa mojada por las lágrimas del día soplaba dulcemente su rostro, apenas podía abrir sus ojos, estaban hinchados, perdidos entre los golpes de su rostro, entonces sintió que la cruz se levantaba erguida hacia los cielos, y vio a millones de ángeles listos para la batalla, sólo faltaba el grito de guerra, sólo falta la señal del Comandate en Jefe de las Fuerzas Celestiales. Y se encontró entre ladrones como dijo el profeta cientos de años antes. Allí estaba el justo entre los injustos, el bueno entre los malos, el Rey entre los siervos.

Y allí estaba Satanás en persona, nervioso, inquieto, molesto con sus subarternos que no habían logrado tentar a Jesús, entonces abrió la boca del ladrón, y comenzó a injuriarle, pero Dios miró desde lo alto y puso arrepentimiento en el otro, quien mirándolo con piedad y respeto le reconció como su Salvador.

Aquél ladrón era el primer fruto del sacrificio de Cristo, un fruto producto de la gracia, aquel ladrón simplemete creyó y eso le contó para ser salvo.

Eran las doces del mediodía. Un manto de tinieblas arropó el día, la gente tuvo miedo, ahora no gritaban y entonces el lanzacero tomó su lanza y le hirió en el costado... un manantial de sangre mezclado con agua bañó la cruz, rodó por sus piernas y cayó sobre tierra. Y el día se moría, se ahogaba en medio de la oscuridad. Y las horas iban muriendo, una hora por cada milenio, seis horas habían transcurrido. Seis horas simbólicas, seis horas como las seis tinajas de vino y agua, seis horas como los seis día en el que se transfiguró, seis días de creación, seis horas como era quel sexto día en que moría. Aquellas seis horas, desde las nueva hasta las tres marcaban el periodo que cubriría su sangre para el perdón de todos los pecados desde Adán hasta el final.

Entonces el grito de guerra:"En tus manos encomiendo mi espíritu" y mientras la tierra temblaba y el velo del templo se rasgaba de arriba abajo, allá en el tercer cielo Miguel y sus ángeles echaban fuera a Satanás para siempre del tercer cielo. Una doble victoria. La cruz no simboliza muerte sino vida, la cruz no significa derrota sino victoria.

Ese Jesús que murió en la cruz fue el mismo que los discípulos vieron al tercer día resucitado, fue el mismos que ascendio al cielo mientras ellos lo miraban y será el mismo que regresará a buscar a su iglesia.

Ese Jesús es el que te dice que lo dejes entrar a tu vida, tu vida florecerá como floreció la vara de Aarón, tu vida cambiará, se transformará, tú que estás muerto por el pecado si cree en el Señor resucitará a una nueva vida. Nada tienes que hacer, ya el precio fue pagado en aquella cruz. Tu vida no te pertenece sino que Jesús la compró a un precio muy alto, Jesús pagó por tu vida con amor un precio altísimo, nueve horas de intenso dolor y sufrimiento. El ocupó mi lugar y tu lugar en la cruz, pues todos fuimos destituidos de la gracia de Dios y condenados a la muerte eterna.
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El gran líder chino Mao dijo una vez: "la religión es un veneno", los marxistna afirmaban que la religión era el "opio de las anciones". Estos ateos, creyendo que habían descubierto alguna gran verdad, pasaron a la historia sin "ton ni son", sus memorias han quedado en el olvido.

Estas afirmaciones influyeron en la mente de millones de seres humanos que han tratado de ver a Dios a través de la religión, que han tratado de ver a Cristo a través de aquéllos que dicen que le siguen, que son cristianos pero con sus actuaciones lo niegan.

Han hecho más daño al cristianismo aquéllos que dicen que son cristianos que los mismos ateos e impíos. En nombre de Dios se han cometido terribles cosas, actos horribles, crímenes, de hecho los que crucificaron a Cristo eran religiosos. En ciero sentido la religión embrutece, la religión ha sido creada por los hombres para el beneficio de algunos. Hay naciones en las cuales el poder religioso es más fuerte que el poder político. Esas naciones han cometido millones de asesinatos en nombre de su religión.

La religión católica ha resultado en una maldición para millones que han creído de buena fe en sus líderes. Ellos han caído en las redes de sus mentiras, de su idolatría, de sus doctrinas de demonio por ignorar las Sagradas Escrituras. La historia está ahí, la historia no se puede negar y menos olvidar. Ellos iniciaron las Cruzadas en nombre de Dios, regalaron la salvación a los cruzados ignorando el sacrificio de Jesús, ellos vendieron el perdón de los pecados con las indulgencias, ignorando el arrepentimiento y la sangre del Cordero, ellos organizaron el Tribunal de la Santa Inquisición y asesinaron en la hoguera a miles, ellos fueron responsables de la matanza de San Bartolomé en Francia, ellos fueron cómplices de la exterminación de los indios en América, hasta se afirman que estaban aliados con Hitler para destruir al pueblo judío.

Pero no solamente fueron los líderes religiosos católicos que cometieron crímenes en nombre de Dios, también lo hicieron los que había abandonado la Iglesia Católica durante la Reforma Protestante dirigida por Martín Lutero, Calvino y los demás, muchos católicos fueron asesinados en el nombre de la fe cristiana.

Los árabes con su fervor religioso y su llamada "Guerra Santa" asolaron a Europa en el siglo VI. Mataron a miles de cristianos y obligaron a otros miles a aceptar a la fuerza la fe del Islam. En nombre de su dios asesinaron a millones.En España estuvieron los cristianos y los árabes en guerra durante casi siete siglos (711 D.C. - 1492 D.C.). Hoy muchos de esos religiosos actúan bajo la sombra de Satanás y siembran el terror por todas partes. En nombre de su religión secuestran, torturan y decapitan a seres inocentes.

Por otro lado aquéllos que dicen no creer en Dios, se han inventado su propia religión, sus ideologías perversas como el comunismo, el facismo y el naxismo, sus dioses son sus líderes, seres implacables que justifican sus crímenes en nombre del Estado, la seguridad y el bien colectivo.

Todos son unos falsantes responsables de billones de muertes, muertes en vano, muertes como resultado de sus ansias de poder, de sus mentiras.¿Qué ideal puede tener una persona que asesina a otra?¡Ninguno! La vida del ser humano tiene mucho valor para Dios. Nadie puede crear la vida, nadie la puede quitar.

Pero no han sido estas naciones con sus religiones, no, mucho antes que estas naciones asesinarán en nombre de Dios, las antiguas culturas lo hacían con sus sacrificios humanos para agradar a sus dioses. No importa el nivel de civilización, el nivel cultural, el nivel intelectual, el nivel tecnológico siempre ha sido la misma historia: Hemos asesinado a nuestros hermanos creyendo que agradamos a Dios.

En ese sentido Mao tenía razón, la religión ha sido un "veneno para la humanidad", si miramos a Dios a través de las diversas religiones es probable que no podamos creer.

Pero Dios se reveló a la humanidad, no a través de un sistema religiosos, Dios se reveló a la humanidad en la persona de Cristo. Jesús fundó una iglesia universal santa, una iglesia perfecta, una iglesia sin jerarquías de poder, sin dogmas religiosos, una iglesia que habla el mismo lenguaje, que enseña lo mismo, que sus doctrinas son las que recibió de Cristo y los apóstoles. Una iglesia que no ha sido nunca dirigida por un hombre sino por el Espíritu Santo.

Esa iglesia lleva dos mil años predicando un mensaje de amor, no un mensaje de odios y venganzas, ese mensaje libera no esclaviza, ese mensaje transforma al ser humano, no lo corrompe.

Dios nos ha dado la forma correcta de buscarle, de adorarle, de honrarle a través de la aceptación de Jesucristo como nuestro Redentor. Jesús no tuvo fallas ni pecados, Jesús nos enseñó el camino correcto, nos enseñó su palabra verdadera.

El evangelio no es una religión que esclaviza al ser humano, el evangelio no establece niveles entre los seres humanos, el evangelio no exige sacrificios, el evangelio es luz que ilumina en medio de la oscuridad, es fuerza de poder libertador, el evangelio nos convierte en soldados de Cristo, no para pelear contra nuestros hermanos, sino para entrar a la más feroces de las guerras, la guerra contra el mal, contra el maligno, contra las huestes de los aires, contra las potestades, contra los demonios.

Jesús al lavar los pies de sus discípulos los puso en el más alto nivel de humildad y los convirtió en servidores. Todos los que creemos en el evangelio verdadero de Jesucristo somos servidores de Dios y servidores de nuestros hermanos y hermanas. No hay diferencia, en el mundo hay diferencias, hay puestos de poder, hay unos sobre otros, pero no es así en la iglesia de Jesucristo.

La iglesia está en el mundo pero no forma parte del mundo, los hombres de Dios están en el mundo pero no son del mundo, no pueden mezclarse en los negocios del mundo. Aquél que se hace "amigo del mundo, se coonstituye en enemigo de Dios". Muchos han caído de la gracia por irse detrás del mundo. No estamos en el Antiguo Testamento, cuando Dios intervenía con el pueblo de Israel, cuando Dios intervenía con sus gobernantes, eso ya cesó. Jesús fue cauteloso y afirmó categoricamente que su "reino no era de este mundo", que la iglesia debía ser luz para el mundo. La iglesia no puede involucrarse en las sombras del mundo, en los problemas del mundo, no podemos cambiar nuestra mirada de la misión que Dios le dio a sus apóstoles que es la misma misión que nos ha encomendado a nosotros.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

enseñandoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. S. Mateo 28:18-20
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Antes de morir el Señor en la cruz les advirtió a sus seguidores que serían esparcidos.

Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersas. S.Mateo26:31

Jesús sabía que una vez el muriera en la cruz, Satanás iba a ser echado del tercer cielo a la tierra y que haría todo lo posible por destruir a sus seguidores. Jesús le había dicho que "veía a Satanás caer como un rayo" y Daniel había profetizado la llegada del desolador. Por eso uno de los primeros mandatos que Jesús les dio a sus seguidores fue que se fueran a esperar la llegada del Consolador. Una vez la iglesia recibiera el poder del cielo entonces estaría preparada para vencer a Satanás, entonces las puertas del infierno no iban a prevalecer sobre ella. Así que Cristo dejó a su iglesia armada del poder del Espíritu Santo para poder llevar el mensaje de salvación que nuestro Señor había ordenado que se predicara.

Y les dijo: Id por el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado.

Y estas señales seguirán a los que creen. En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas.

tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño, sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán. S. Marcos 16:15-18

Jesús dijo que los creyentes en él eran la luz del mundo. Una luz, por más pequeña que sea siempre se notará en medio de la oscuridad. Es hermoso ver en la inmensa oscuridad la luz del "cucubano", uno puede seguirlo en su movimiento por su pequeña luz que ilumina su camino. Así son los verdaderos creyentes de Cristo, tienen que brillar en el mundo, hay una diferencia entre el que cree en verdad y el que no cree, si decimos que Cristo vive en nostros debemos resplandecer en medio de la oscuridad. ¿Y cómo saber que somos verdaderos creyentes en Cristo? Nuestro Señor les dijo a sus seguidores que estas señales seguirían a los que creyeran en él, estas señales harían brillar al creyente en el mundo, estas señales iban a hacer la diferencia entre los que le sirven a Dios y los que se pierden en los placeres del mundo. Los creyentes, todos los creyentes, no sólo un evangelista o ministro, sino todos los que creen podrán: echar fuera demonios, poner las manos sobre los enfermos y sanarlos, hablar nuevas lenguas. Este poder que nos confiere el Señor a los creyentes están dados cuando recibimos el bautismo del Espíritu Santo. La iglesia de Jesucristo tiene ese poder, la iglesia que no tiene ese poder debe empenzar a preocuparse seriamente.

Es adsurdo que la Iglesia Católica quiera declarar "Santo" a Juan Pablo II, pero como él no realizó un milagro cuando vivo, esperan que ahora que está muerto pueda realizar uno, sino, lo han de declarar mártir para poder declararlo "santo"¡Barbaridad!
El hecho de realizar un milagro es una señal del creyente, pero a veces el milagro se realiza mediante el poder de Satanás, Así que uno ha de ser cauteloso, no todos los milagros provienen de Dios, Jesús lo dijo:
Que al final de los tiempos algunos dirán: "en tu nombre echamos fuera demonios y sanamos enfermos", entonces él les dirá: "Apartados de mí obradores de maldad".

Así que la iglesia de Cristo ha de brillar en el mundo, no porque interviene en las cuestiones del mundo, sino porque tiene ese poder dado por el Espíritu Santo. Una organización religiosa o un cristiano que no cree en el Espiru Santo está muerto y es una presa fácil se Satanás.

Muchos fueron los milagros realizados por los apóstoles, miles fueron los que creyeron y se maravillaban del poder de la iglesia. Jerusalén se vio invadida por los seguidores de Cristo, ahora no temían, ahora no se escondían, ahora predicaban un mensaje de poder, un mensaje libertador, un mensaje de vida, de esperanza, de fe.

Los enemigos de la iglesia crecían pero más creían los que creían, más confirmaban que Jesús se había levantado de los muertos. Hasta Grecia fue ese mensaje a través de Pablo. El envangelio estremeció los cimientos de la religión de los romanos, de los griegos y de muchas naciones en Asia. Fue una fuerza de libertad, de amor, de perdón.

Los seguidores de Cristo predicaban un evangelio de verdad, de justicia, de igualdad, todo lo tenían en común, repartían sus bienes y cuidaban de los menos privilegiados. Era un movimiento de justicia social, pero sobre todo un movimiento que los acercaba a Dios.

Entonces Satanás volvió a utilizar la astucia, Como no resultó la persecución contra los cristianos, entonces dejó de perseguirlos, y los perseguidores se convirtieron al cristianismo. Eso hizo que aquel movimiento de poder se conviertiera en una fuerza muerta,no dejaron que el Espíritu Santo los guiara, para escoger una falsa institución que decía que representaba a Dios, entonces nombraron al Papa, desde ese momento el evangelio de Jesucristo fue secuestrado por miles de años, entonces intrudujeron la idolatría, las falsas doctrinas, entonces se mezclaron con el mundo, con el poder político y corrompieron al evangelio del Señor.

Pero los intentos de Satanás fueron en vano, pues nunca pudo prevalecer contra iglesia universal del Señor que nadie conocía y que era dirigida por el Espíritu Santo. Satanás inventó una religión falsa, pero el verdadero evangelio de Cristo siguía hacia adelante, muchos creyentes genuinos siguieron predicando la verdad, predicando el evangelio de perdón y de arrepentimiento.

Hoy sucede lo mismo, Satanás quiere penetrar en las iglesias llamadas cristianas evangélicas o protestantes, está metiendo falsas doctrinas, cambiando el fundamento de Cristo por el fundamento de los hombres, adulterando a las Sagradas Escrituras, pero la iglesia universal de Cristo sigue cumpliendo la misión de predicar el evangelio de Salvación, la Iglesia Universal de Cristo sigue siendo dirigida pr el Espíritu Santo y los verdareros creyentes siguen orando, ayunando, echando fuera demonios, sanando a los enfermos, los verdaderos creyentes de Cristo no vende el mensaje del Señor sino que predican el mismo mensaje de la iglesia primitiva, un mensaje de amor, de poder, de perdón y de misericordia. Esa iglesia, cuyo Pastor es Jesús pronto será reunida en el redil, vendrán de todas partes del mundo, de toda nación, tribu y lengua a esperar al Señor que pronto viene a buscarla.

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Uno puede rechazar a todas las religiones del mundo, uno puede rechazar a cualquier ideología humana, uno puede echar fuera al cualquier ser humano, no importa si es presidente, rey o siervo, uno puede dejar de creer en Dios y le aseguro que no tendrá problemas con eso.
Usted puede escoger el camino que quiera, hacerse de la vista larga, vivir sin importarle la palabra de Dios, usted puede dar cabida y espacio a la zorra o zorro que ustede desee, usted puede vivir pensando que es poderoso, famoso, millonario, es más pensar que es un pequeño dios o la "última coca cola del desierto", usted puede blasfemar a Dios, maldecir a todos los religiosos del mundo, usted puede hasta fundar su propia religión, decir "Que dios está encarnado en usted", decir que Jesús fue un profeta más y que usted es el ungido, es más usted puede redactar su propia biblia y guía religiosa, usted puede decir que es el "Vicario de Cristo", que puede atar y desatar todas las cosas aquí en la tierra como en el cielo, es más usted puede hacer lo que hizo don Quijote,que le ofreció una insula a Sancho, ofrecerle una morada en el cielo a todo el mundo. ¡Sí!. sí, así como me lee, Ahora déjeme decirle algo, usted no puede evitar nacer o morir. Hasta ahí llegó su libertad, su libre albedrío, usted tiene control absoluto de su vida mientras esté respirando en este planeta. Pero quiero que sepa con toda honestidad, crea o no crea en el más allá o en más acá, usted no tendrá la mínima libertad de tomar decisiones después de muerto. Las decisiones tiene que tomarlas ahora mientra respira oxígeno sobre nuestra tierra, Sus dilemas los tiene que resolver ahora. No se deje engañar después que muera no estará vagando por los aires, ni en una estación de espera como el Purgatorio, ni en el Limbo, ni en ninguna otra parte que no sea la que Dios ha escogido. Así que olvídese de sus paradigmas, de sus razonamiento lógico, cuando muera se acabó todo, no podrá decidir nada y sabe por qué, porque todos somos reos condenados a la muerte, todos fuimos destituidos de la gracia de Dios, todos fuimos echados del huerto del Edén, todos heredamos el pecado de nuestros primeros padres, y si usted se alegra de haber tenido unos padres inteligentes y acepta que la inteligencia se hereda, tammbién acepte que usted heredó ese pecado, usted no puede determinar si acepta o no las características de sus padres, de esa misma manera usted no puede deshacerse del pecado original. Todos hemos heredado ese pecado y con ello hemos heredado la condenación eterna.

Usted bien sabe que fuimos hechos para no morir, ni fícamente ni espiritualmente.No envejecemos por el tiempo, el tiempo nada tiene que ver con la vejez, es un problema químico que Dios alteró para que no viviéramos eternamente jóvenes. La progeria hace que un niño de ocho años parezca un anciano de ochenta. Además la materia no puede ser creada ni destruida. Así que al morir, realmente no morimos sino que seremos transformados. Es un principio básico de la materia.

La Biblia nos enseña que el cuerpo al polvo de donde fue formado y el espíritu a Dios que lo Dios. Jesús en la cruz exclamó; "en tus manos encomiendo mi espíritu". El expiró en la cruz, su cuerpo fue llevado a la tumba y su espiritu fue enviado a Dios. Luego de tres día su espiíritu regresó a su cuerpo, su cuerpo se glorificó y así pudo resucitar. Aquel cuerpo era el mismo, no había cambios físicos ni alteraciones, tampoco era un fantasma o un espíritu, era un ser humano de carne y hueso pero en su estado original. Por eso Tomás fue muy astuto, Tomás no quería ser engañado, Satanás muy bien hubiese podido hacerce pasar por Cristo, se podía presentar de otra forma y decir que era Jesús, así que Tomás quería ver a Jesús tal como lo había conocido, no solamente eso, quería tocar sus heridas, aunque esto le costó un regaño por su falta de fe, a la verdad que hizo que su fe fuera confirmada al no tener dudas de que Jesús había resucitado.

Mi hermano, hermana, amigo y amiga, lamentablemente la vida no termina con la muerte, pues realmente no existe tal cosa como esa. La vida ha de continuar luego. Hemos sido condenados al patíbulo y seremos llevado a un lugar de espera a dormir hasta el juicio final, no nos pueden condenar antes y luego celebrar el juicio, es absurdo, ilógico e injusto. Debemos esperar al día del juicio. Eso cuando morimos sin Cristo, para los salvados hay otro lugar de espera. Uno hermoso, uns espectacular, Jesús le dijo al ladrón que creyó en él: "desde hoy mismo estarás en el Paraíso", Jesús no le dijo te mandaré al Purgatorio, no, eso es un invento de la iglesia católica.

Asi como lo oyen, Todos los seres humanos seremos llevado ante el tribunal de Dios, unos estarán a la derecha con su flamante abogado, el Cristo de la gloria y otros cabizbajos ea la izquierda para ser condenados. Eso no lo determina usted ni yo. Allí no habrá plata ni oro que pueda comprar su libertad. Jesús fue claro: "el que crea en él será salvo y el que no crea será condenado". No piense que porque su iglesia dice que no habrá condenación usted se librará de la misma. Esos que afirman tales cosas hablan en nombre de Satanás y no en nombre de Cristo.
Jesús nunca mintió, menos iba a mentir en algo tan importante para el ser humano.

El lo dijo: "Hay dos caminos, un angosto que conduce a la vida y otro espacioso que conduce a la condenación eterna".

La Palabra de Dios es clara y nos dice que sucederá con aquéllos que han tomado la decisión de seguir por el camino ancho y espacioso.

Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.
S.Mateo 3:10
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El ser humano fue puesto en el huerto del Edén pra reinar por siempre en la tierra y en el espacio. Dios creó el más hermoso de los lugares, no solamente en este planeta, sino del universo entero. El homgre y la mujer recibieron los mejores tesoros que Dios le había ofrecido a una de sus criaturas. Nos dio un lugar fuera del tercer cielo en el cual reinaríamos por siempre, nos dio la libertad, un cuerpo que no envejecía, una mente dotada de poder creador capaz de permitirnos viajar por todo el universo en cuestiones de segundo, una mente capaz de organizar todo los sistemas del espacio cuando ya no hubiera espacio aquí para la raza humana, ya que la muerte no exístía, nos dio la capacidad de copiarnos, de reproducirnos, ninguna otra criatura fuera de este planeta podía hacerlo, nos dio dominio sobre toda la cración. Sin embargo, la primera familia humana se corrompió y fuimos castigados y perdimos la gracia y fuimos malditos por Dios y la tierra envejeció por la maldad del hombre.

Emtonces conocimos la sabiduría corrompida de Satanás, conocimos el camino errado de la ciencia y del método científico, entonces fuimos destruidos por un diluvio y el planeta cambió su topografía, y fuimos separados por lenguas distintintas, por culturas distintas, y en vez de una sola raza fuimos despedazados en grupos enemigos, entonces de creer en un solo Dios nos fuimos tras la idolatría., y nuestros días fueron cortados.

Dios nos dio todo lo necesario para tener un mundo perfecto, un mundo de armonía, de amor, un mundo sin problemas ni guerras, sin odios ni venganzas. Pero preferimos escuchar la voz equivocada, al ser equivocado, nos fuimos por el camino de las tinieblas y dejamos el camino de la luz, nos fuimos por la vereda que conduce a la muerte y nos apartamos del camino de la vida, de la verdad, de la justicia y del amor.

Nada hemos cambiado, cuatro mil años después de Adán y Eva escoger el camino equivocado, lo mismo hizo el pueblo de Dios, escogió al homicida, al ladrón, al pervertido y mató al justo, al Ungido de Dios. Y hoy estamos haciendo lo mismo. Seguimos escogiendo el camino espacioso lleno de muerte, de oscuridad y pecado. Preferimos odiar que amar, matar que salvar, preferimos la guerra en vez de la paz, la injusticia en vez la justicia, escogemos a falsas religiones en vez de escoger el evangelio de Cristo, escogemos corromper la palabra de Dios en ez de ser obediente a ella, enseñamos doctrinas de demonios en vez de enseñar las doctrinas apostólicas.
Hoy estamos en las mismas condiciones, dañamos el planeta sin importarnos las consecuencias, contaminamos el ambiente, matamos la vida marina y acabamos con muchas especies. Estamos en la misma situación.

El planeta se nos muere como mueren millones de hambre, de sed, de enfermedades, en las guerras. El árbol se seca rápidamente mientras Satanás se ríe, se burla y prepara el camino para establecer su dictadura.

Los problemas aumentan, los desastres aumentan y la nube de la destrucción cada día está más cerca. Dios no quiere condenar a los seres humanos sino salvarlos, pero nos negamos a aceptar sus condiciones de vida, nos negamos a seguir a Jesucristo, nos negamos en sguir sus enseñanza. En vez de prepar a nuestros jóvenes para la guerra contra el pecado, los vicios, la maldad, la guerra contra Satanás y sus aliados, los preparamos para matar a los hermanos en otras naciones, nos preparamos para el mal y no para el bien.

El árbol se seca solitario en medio de la llanura, no importa lo extensa que sea, el árbol crece solitario, pierde su vitalidad, su energía hasta caer rendido sobre el suelo y recogido para el fuego. Así está el planeta y así están sus habitantes. Preferen secarse en el desierto del mundo que sentir el poder de Jesucristo, que sentir que nacen de neuvo, que serán transformados.

Pero en medio de ese desierto, de esa nube inmensa de tinieblas y ocuridad surge la esperanza de una mejor vida, de una vida bajo la sombra del Todopoderoso, surge la esperanza para el caído, para el derrotado, para el cargado y trabajado, surge un oasis de aguas cristalinas, de agua de vida, surge la esperanza de un escuentro con Dios.

Jesús vino a establcer un lazo entre Dios y el hombre, él vino para llevarnos de regreso ante la presencia del Padre, él vino para darnos vida y vida en abundancia.
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Dios deja que el ser humano se torne de su mal camino y vuelva a ser obediente, temeroso. Dios no quiere la muerte del impío sino que viva. Es algo tan hermoso cuando reconocemos a nuestro Dios como nuestro refugio. Dios nos amó tanto que dejó que su Hijo viniera al mundo a pagar el precio de nuestros pecados.En el huerto Jesús sudó gotas de sangre, gimió con dolor y angustia, le pidió a su Padre que le permitiera pasar aquella copa y Dios no le respondió, en la cruz Jesús gritó:"Dios mío, ¿por qué me has desamparado?, el amor de Dios por la raza humana no tiene límites, Dios ha hecho todo lo posible para que el hombre busque de su presencia, obedezca sus leyes y mandamientos, pero la humanidad no obedece.

Entonces queremos que Dios se mueva en misericordia y no nos castigue. Ahora resulta que "ni hay infierno", que no hay juicio final, que no hay castigo eterno, que la hosexualidad no es mala. Uno los escucha predicar esas mentiras, dicen: "Dios es amor", hacen lo mismo que hizo el diablo en el desierto cuando trató de tentar a Jesús, le citó el salmo 91 a media. Es cierto, Dios es amor, pero también es fuego consumidor. El que Dios nos castigue por nuestra maldad no cambia su amor hacia nosotros, es como el padre que corrige y castiga a su niño, él no lo castiga y lo corrige porque no lo ama, al contrario porque lo ama lo corrige. Así es nuestro Dios, sus juicios son justos. David así lo entendió cuando pidió que fuera Dios quien impusiera su castigo por su pecado cometido.

El hombre que teme a Dios, que busca de su presencia, que acepta a Cristo como Salvador nace de nuevo, es un árbol verde, es un árbol que da fruto al 30%, al 60% y al 100%.
Debemos nacer de nuevo para dar nuevos frutos, ahora los frutos han de ser del espíritu no de la carne. Cuando una persona dice que tuvo un encuentro con Cristo debe reflejar que ciertamente hubia ese encuentro, tiene que ser diferente, tienen que haber cambiado, ahora piensa de otra forma y actúa diferente, ahora es luz en medio de las tinieblas.

El hombre que ha creído en Jesucristo tiene que vivir en el espíritu y no en la carne. Si hace los mismo que hacía en el mundo, ciertamente no ha nacido de nuevo, las cosas viejas pasaron ahora todas son hechas nuevas.

Un hombre o una mujer que dicen tener a Dios en su corazón no pueden pensar en el odio, en la venganza, en la lujuria, en el crimen, en el robo, en borracheras ni vicios, en la idolatría,en la homosexualidad, el lesbianismo, la brujería, la santería, en el adulterio y la fornicación. No podemos engañarnos, Dios sabe todas las cosas.

El hombre o la mujer de Dios es una nueva criatura, un nuevo árbol que da buen fruto.
Esa es la fuerza del evangelio, una fuerza que nos cambia, nos transforma nos dirige. Si tenemos a Dios en nuestro corazón debemos ser lumbreras para el mundo, no podemos hacer las cosas que antes hacíamos, pues, ahora vivimos para Dios, vivimos adorando y predicando a Cristo como nuestro Salvador y Redentor.
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¡Qué triste es ver a un árbol secarse en medio del desierto. Va muriendo lentamente, sus hojas se caen, sus ramas se secan, mueren sus raíces a falda de agua, y finalmente desaparece todo tipo de vida. Y aqueda allá semi erguido, esprando caer sobre la arena o que alguien lo convierta en leña y finalmente termine en en el fuego.

Ese árbol no siempre estuvo seco, nació hermso, con raíces muy saludables que absorbían agua y nutrientes de la tierra, y crecía poco a poco echando pequeñas hojas, y crecía y luego se cubría de flores y daba fruto, una semilla producía cientos de ricos frutos. Y uno lo miraba, y corría debajo de su sombra y tomaba de sus frutos y sentía lo grande y maravilloso que es Dios.

Aquel árbol frondoso era una obra de arte de la naturaleza, ese árbol, no solamente producía un fruto, sino que tomaba el veneno del aire, bióxido de carbono, y tomaba el carbono y devolvía el oxígeno a la atmósfera, oxígenos que nosotros y los animales nececita para vivir.

Es triste ver a un árbol morir lentamente, abandonado, sin agua, sin alimentos. Ellos mueren como morimos nosotros. Toda su hermosura desaparece. Aquella hermosa plantita que cuidábamos con tanto esmero llega a viejo y lo dejamos que se nos muera frente a nostros. Se enferma, notamos que está enfermo pero no hacemos nada.

Así sucede con el ser humano. Nacemos como hermosos niños, con una sonrisa en los labios, todos nos quieren tomar en sus brazos, hacernos caricias y monerías. La madre se desvive por cuidarlo, no hay nada más importate que el pequeño que acaba de nacer.

Pero pasa el tiempo, ya nuestro niño no encuentra espacio, tiempo, ya el nño nadie lo quiere cuidar, es inquieto, tremendo, llora, nos quita el sueño, Y el bebé ya no ríe, nadie le hace caricia, nadie quiere tomarlos en sus brazos, ahora sólo recibe gritos, golpes, palabras duras. Tú comienza a ver cosas horribles en los adultos, no oye hablar de Dios pero puede ver películas pornográficas, escuchar música con una nota vulgar, con palabras obscena y a nadie le importa, estás allí sentado viendo la televisión, viendo la novela pornográfica, que habla de drogas, de brujería, de crímenes, de intrigas y mientras el niño forma una imagen equivocada de la vida, los padre discuten, beben, se enborrachan, fuman y hablan muy mal.


Entonces la plantita hermosa se dobla, se marchita, y el niño santo se convierte en hombre diablo, y la niña dulce y suave se malchita y se convierte un un ser sin valores, que no se estima como mujer y llega a posar desnuda para una revista. Es triste pero es la historia de millones de niños y niñas que al final se secan como el árbol en medio del desierto.

Dios no quiere que ningún ser humano termine como terminan los árboles secos, sino que crezcan en obediencia, con una escala de valores alta, que crezcan en obediencia, siendo buenos hijos, buenas hijas, buenos ciudadanos, y buenas ciudanas.

Dios quiere que cada hombre y mujer forme un hermoso matrimonio, que tengan hijos e hijas y les enseñen el camino de Dios. Una familia que en verdad ha creído en Jesús, es un hermoso jardín en el cual sus flores jamás se marchitan.

El hombre y la mujer se secan cuando nos alejamos de Dios, cuando nos entrgamos a los deseos de la carne, cuando ponemos nuestra mirada a las cosas materiales. No debemos convertir nuestras vidas en árboles secos sino en árboles verdes, árboles que den buenos frutos, que crezcan saludables. ¡Qué crezcan bajo las alas del Omnipotente!
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