¡EL GRAN JUICIO FINAL! (nueva)

 
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¡EL GRAN JUICIO FINAL! (nueva)
 
 
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La Palabra de Dios es la evidencia más contundente de la existencia de Dios. Cualquier persona que la estudie sin paradigmas establecidos, sin prejuicios, que la estudie objetivamente, se dará cuenta de que es imposible que cualquier persona que no conociera en su totalidad los hechos narrados pudiera redactar esta maravillosa obra.

Son muchos los autores en épocas distintas que han intervenido en la redacción de esta obra. La misma cubre un periodo de siete días o siete mil años en el calendario de Dios. No es posible que Moisés pudiera escribir los primeros cinco libros sin que los mismos le fueran dictados por alguien que lo sabe todo. Es imposible que Isaías pudiera escribir el capítulo 53 sin que le fuera dictado el mismo. Es imposible que Daniel pudiera profetizar sobre todos los imperios que seguirían al imperio de Nabucodonosor sin que alguien que conociera toda la historia del hombre se la dictara.

No me queda la menor duda de que la Biblia sólo tiene a un autor intelectual, un escritor que lo sabe todo, que conoce cada detalle de la historia de la humanidad. La Palabra de Dios es toda inspirada, por eso ha permanecido durante todo la historia de la humanidad. No ha fallado ni en una sola profecía, así que no fallará en cuanto a lo que nos dice de los tiempos finales.

La Palabra de Dios nos habla de un juicio, nos habla de un día en que Dios le pedirá cuenta a cada ser humano, nos habla de un día en que todos los nacidos en este planeta durante estos seis mil años irán ante su presencia a rendir cuenta. No es un cuento de brujas, ni de hada, ni un mito, será el Juicio Final, Dios separará el trigo de la cizaña, la hierba buena de la hierba mala, separará a los justos de los malos, vestirá a sus escogidos con vestiduras blancas y a los impíos y desobedientes, a los malos, a los que rechazaron a Cristos los lanzará al infierno, al lago ardiente de fuego y azufre.

Ese Juicio Final se acerca, podemos burlarnos, ignorarlo, obviarlo, podemos decir cualquier cosa, pero eso no cambiará la profecía, ninguna profecía bíblica ha dejado de cumplirse, y ésta se cumplirá al pie de la letra.
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No fuimos creados para ser condenados, no fuimos creados para morir ni envejecer sino para vivir para siempre. Fuimos creados en este planeta para convertirnos en los reyes del universo, para conquistar el espacio y colonizar el mismo con una nueva criatura, una criatura distinta a los ángeles que habitan en el tercer cielo. Dios se clonó así mismo, hizo al ser humano a su imagen y semejanza y le dio atributos que no se lo había dado a ninguna otra forma de vida creada por él.

Fuimos hechos para habitar en medio de las estrellas, para poblar todo los sistemas solares, todos los planetas, lunas, todo lugar en ese inmenso espacio se nos concedió para establecer ciudades, reinos. Pero todo eso lo perdimos cuando la primera pareja decidió escuchar a Satanás. Ese hecho lo echó todo a perder. Perdimos el derecho del planeta y de todo el universo. Fuimos echados de la presencia de Dios y este planeta se convirtió en la morada de entes demoniacos y criaturas pervertidas que siguieron al Querubín Protector. El ser humano ha sido víctima de esa fuerza del mal durante estos seis mil años. Ningún hombre fue capaz de vencer el reino del mal, sólo Cristo tiene ese poder.

La tierra fue maldita y con ella el universo y el mismo ser humanos. La tierra envejeció como envecemos nosotros. Fuimos echados del Paraíso y condenados a la muerte. Todos fuimos borrados del Libro de la Vida, no se encontró ni uno solo justo entre la raza humana que pudiera pagar el precio del error de Adán y Eva.
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Una de las cosas que todos nosotros debemos reconocer es que estamos destituidos de la gracia de Dios. Todos fuimos echados fuera de la presencia del Señor porque todos llevamos el pecado de Adán. El pecado entró al mundo por Adán y el perdón y la reconciliación con Dios entró por la muerte de Jesucristo. No hay ni uno sólo justo, todos somos condenados a muerte, somos reos y no hay forma alguna de ser salvo sino es a través del sacrificio de Cristo.

No hay religión alguna, por piadosa que sea la misma, que pueda ofrecerle la salvación al ser humano, no hay otro camino a la vida eterna. No podemos seguir engañando al mundo con otros caminos, con otras sendas, con otras religiones, ninguna religión salva, no hay salvación alguna en otra religión, sólo hubo un sacrificio perfecto, sólo hubo uno que fue capaz de vencer al pecado, uno que nació sin el pecado de Adán y ese fue Jesús. Jesús no vino a condenar al mundo sino a salvarlo, pero el mundo no le reconoce, el mundo lo ha echado fuera, el mundo aceptó a las tinieblas y negó la luz.

Todos, todos, todos estamos condenados a la muerte eterna, sólo hay una posibilidad de salvarse y esa es aceptando el sacrificio perfecto de Cristo.

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
Romanos 3:23-24

Todos somos culpables y todos somo prisioneros del pecado. No importa el nivel econónico, no importa lo malo o lo bueno que creamos ser, no importa cual religión practiquemos o si no creemos ni en la energía eléctrica, no importa el nivel intelectual, genio o morón, sabio o ignorante, erudito o cretino, astronauta o zapatero, papa o ladrón, no importa la raza, el color, no importa nuestra condición, todos fuimos destituidos de la gracia de Dios, fuimos echado fuera del Paraído, fuimos borrados del libro de la vida, sólo hay una alternativa, una oportunidad de regreso, una oportunidad de alcanzar la vida eterna y esa oportunidad la tenemos en Cristo Jesús. Debemos hacer como el ladrón en la cruz, reconocerle como nuestro Salvador y Redentor, debemos echar hacia un lado nuestro orgullo, nuestra altivez, nuestra soberbia y caer ante Jesús para que nos perdone y nos salve.

Eso no es practicar una religión hueca y vacía, una religión de tradiciones humanas, una religión en las cuales se rige como se rige el mundo, por jerarquías de poder, no, venir a Jesús no es entrar a formar parte de un grupo religioso carente de sentido, es aceptar un reto, es ingresar como soldado valiente a batallar contra el más grande y poderoso enemigo de la humanidad, aceptar a Cristo es renunciar al viejo hombre, renunciar al mundo y sus vanos placeres, aceptar a Cristo es aceptar un cambio total de personalidad y carácter, Jesús lo puede hacer, puede transformar a un endemoniado en un ser racional, a una ramera en una santa mujer, puede liberar a un joven de las cadenas de la drogas, de las cadenas del alcoholismo, puede liberar a un santero o brujo de esos demonios que lo tienen prisioneros, Jesús puede cambiar a un esposo maltratante en uno amoroso y respetuoso de la dignidad de la mujer. Jesús, no solamente puede cambiarte a ti, sino que puede cambiar a toda tu familia, a tu nación.

No hablo de religiones que lo que hacen es ensuciar el nombre de Dios con sus actuaciones y sus vanas prédica, hablo de un mensaje que libera, que cambia, que transforma, hablo de una iglesia universal, pura, sin mancha, donde todos somos servidores, donde todos sembramos la misma semilla del evangelio de Cristo, hablo de una iglesia universal formada por creyentes verdaderos en Jesucristo que están por todo el mundo, una iglesia que está dirigida por el Espíritu Santo. Hablo de una iglesia en donde todos adoramos a Dios en Espíritu y en verdad, hablo de una iglesia que espera a Cristo y en tanto el viene sigue buscando a las ovejas descarriadas.

Todos debemos comer del mismo maná caído del cielo que es nuestro Señor. Todos debemos estar firmes sobre la roca del evangelio que predicó el Señor. Todos fuimos constituidos mensajeros del evangelio, no necesitamos títulos de ninguna organización humana, no necesitamos obtener un título en teología, no necesitamos que alguien nos ordene ministro o sacerdote, sólo necesitamos creer en Cristo como creyó la Samaritana, que lugo corrió a anunciar las maravillas de Cristo. Esos es lo que todo creyente debe hacer, creer, ser bautizados en las aguas, recibir el bautismo en el Espíritu Santo y anunciar a otro lo que le ha acontecido, que es nueva criatura porque Cristo lo salvó.

Cuando realmente hagamos eso, cuando realmente vayamos tras las ovejas perdidas, cuando vayamos por las calles a predicar el evangelio de salvación, cuando les hablemos a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de trabajo, entonces, y sólo entonces, Dios se agradará de nosotros.

Fuimos llamados a sembrar la semilla en todo tiempo, en toda hora, en todo lugar, fuimos llamados a formar parte de un ejército poderoso que batalla contra las huestes del mal y no contra nuestros hermanos.

Cristo es el único camino, nadie en la historia de la humanidad pagó el precio, nadie es digno de ser llamado redentor o salvador, sólo uno venció la muerte, el pecado y al príncipe del mal, y ese es mi amado Señor, el cual hoy reconozco ante el mundo como mi Salvador y Redentor, a él sea la gloria por siempre.
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La raza humana vive como si Dios no existiera. Invocan a un Dios al cual realmente no creen. Más creían los indios en sus dioses que los cristianos en el Dios verdadero. Sus acciones niegan la existencia de Dios, niegan la existencia de Cristo, actúan de espalda a las Sagradas Escrituras. No me asombra que los ateos no crean en Dios, me asombra que los que creen en Dios vivan como si no existiera.

Ya no se habla del Juicio Final, ya no se habla del castigo eterno, del lago de fuego y azufre, algunos hasta afirman que no existe tal cosa como el pecado sino un sentido profundo de culpabilidad. Otros predican que es ilógico que un Dios de amor castigue a la humanidad cuando sabía de ante mano lo que le iba a suceder al hombre, cuando Dios sabía lo que iba a hacer el diablo y lo creó. Hay veinte mil excusas que parecen ser buenas para evitar que Dios nos castigue. Pero todas son puras mentiras de Satanás, el pecado de la humanidad no quedará impune, el asesinato de Jesucristo no quedará impune, las burlas y las blasfemias contra Dios no quedarán impune. De la misma manera que el amor del padre hacia el hijo no cambia cuando lo corrige y le castiga, tampoco cambia el amor del Padre celestial hacia la humanidad. El padre trata de llevar al hijo por buen camino pero él sigue tras el camino de las drogas, el alcohol, la soberbia, eso no hace culpable al padre ni lo convierte en injusto. Dios ha de castigar a la humanidad por su maldad, por su pecado, eso no es ilógico sino que es la oonsecuencia lógica del pago de nuestra desobediencia.

Quien predica que no habrá castigo de Dios pagará por esa mentira, pues hace a Jesucristo mentiroso. Jesús habló del Juicio Final, Jesús habló del castigo a los impíos, Jesús nos habló del diablo y de los demonios, Jesús nos habló de dos caminos: uno de vida eterna y el otro de la condenación eterna.

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y mucho son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida y pocos son los que la hallan.

San Mateos 7:13-14

De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.
San Mateo 11:22

E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

S.Mateo25:46

Aquí está claramente determinado. Habrá un castigo eterno para aquéllos que han vivido sin temor a Dios, viviendo en maldad y en pecado. Dios es amor pero es fuego consumidor, todos estaremos presentes en ese juicio para responder por nuestras obras en esta vida. Esto no se termina aquí como piensa la mayoría, éste es el comienzo de una vida eterna de castigo o una vida eterna al lado de nuestro Creador. Sólo Jesús nos puede ofrecer vida eterna, vida en abundancia, sólo Cristo nos puede llevar a las moradas celestiales.
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Si hay un Dios Creador habrá un juicio para toda la humanidad. Así de sencillo es. Si no hay Dios no habrá problemas, moriremos como mueren todos los organismos vivos y seremos transformados en los mismos elementos en que estamos construidos, ya que la materia no puede ser creada ni destruida por el hombre sino transformada. En este planeta no existe ni un microrganismo creado por el hombre, puede elaborar un viru o quizás un bacteria pero los elementos que componen a los mismos ya estaban creados.

Si no hay Dios no hay pecado, no hay maldad, no hay desobediencia, no habrá castigo. Para que eso ocurra deberá existir un ser tan poderoso que sería capaz de enjuiciar a la humanidad. Si ese ser existe entonces tiene el perfectísimo derecho de juzgarnos por nuestras faltas y pecados.

No podrá hacer nada la humanidad contra ese ser que la Biblia nos habla que vive en el tercer cielo que los seres humanos no quieren aceptar que existe. No hay evidencia alguna de que no exista, pero sí hay mucha evidencia de que sí existe. Lo único que pueden hacer los humanos es tratar de borrarlo de sus memorias, pero es imposible, todos los nacidos en este planeta venimos con "un microrganismo que guarda la idea de Dios", nadie puede evitar que esa imagen surja durante la vida de un ser viviente. Podrán tratar de borrar esa imagen pero siempre ha de permanecer, tanto para afirmarla como para negarla. No importa el nivel cultural, intelectual, no importa cuanto uno sepa o ignore, la idea de Dios estará presente, vive en nosotros, se desarrolla en nosotros, tratar de combatirla es afirmarla más y más. Nadie en este planeta ha podido erradicar la idea de un ser Supremo de la humanidad. Lo más que pueden hacer es combatir a las religiones y sus dogmas, pero no a Dios, Dios no es una religión, Dios es la máxima realidad espiritual que existe, Dios es el motor primario que puso todo en continuo movimiento, sin ese impulso inicial nada hubiera podido moverse, si era que existía algo en este universo antes de ser creado.
Para que un microrganismo se mueva debe recibir un impulso externo, así sucede con toda la materia creada, nada se hubiese podido mover sin el toque impulsador de un ser Creador.

Así que estamos en un gran dilema. No se trata de una cuestión de religión, el cuento de la religión por un lado y la ciencia por otro es un cuento de viejas lavanderas, es un mito sin sentido, Satanás ha convertido a la ciencia en una religión, la peor de las religiones, sus dioses son sus científicos, sus ideas absurdas del universo, de la materia, de la creación, su salvador es la razón y su camino el método científico que obtuvieron del huerto del Edén donde fue diseñado por el mismo diablo.

No hay tal cosa como ciencia y religión, todo es lo mismo, simplemente han cambiado el camino, Dios mismos nos revela el conocimiento, la sabiduría que trabaja a favor del bien de la humanidad, es una sabiduría revelada al creyente, la ciencia obtiene la sabiduría que Satanás corrompió, es la misma sabiduría que lo llevó a la rebelión contra el Creador, es la misma que la ciencia emplea para fabricar armas atómicas, virus destructivos, bacterias y gases tóxicos. Es una sabiduría engañosa que nos lleva a la perdición.

El mundo está lleno de ciencia y de religioines. Ambas caminan por la misma senda, por la misma brecha, por el mismo sendero. No vale la pena creer en un ciencia torcida y en una falsa religión, las consecuencias serán las mismas al final del camino. Todos los días la ciencia cambia lo que antes afirmaba como una verdad comprobada, cada día cambian la edad del planeta y del universo, para ellos eso nos malo, sino positivo, pero cuando se trata de algo relacionado con Dios, con sus palabra, con Jesús inmediatamente lo usan para tratar de socabar la verdad bíblica.

Las religioines van en el mismo caballo. Hablan de un Dios super poderoso, pero no pueden creer lo que afirma el Gánesis. Hablan de un ser capaz de vivir antes de la creación y no creen que él es el autor de esa maravillosa creación, hablan de Jesucristo como una verdad histárica y no creen en lo que él dijo respeto al mundo y a los seres humanos. Dudan de que haya resucitado, no creen en su retorno, en fin son falsos creyentes que creen podrán escapar de la ira de Dios.

Son religiosos sin Dios que no enseñan a sus hijos y dejan que la televisión los deforme, los dañe, les envenenan sus mentes, son los primeros en comprarles juegos de vídeos infernales en los cuales se glorifica al mal y la violencia, hablan de un Dios Santo y convierten los templos en centros comerciales, en instituciones de bienes raíces, en organizaciones de mercado-tecnia, en centro de propagación de productos y de cuanta cosa existe. Tan malo es no creer en Dios como creer y hacer todo lo contrario de lo que él nos dice.
El mundo puede vivir como quiera, dictar sus leyes, sus escalas de valores, enseñar falsedades como si fueran verdad, pero la iglesia de Jesucristo debe enseñar la verdad, esa verdad eterna, esa verdad que no cambia, esa verdad que nos enseñó el Señor.

La iglesia está en el mundo para ser la luz del mundo, no para confurdirse y hacer lo mismo que el mundo hace. El mundo dice que no hay Dios y la iglesia debe reafirmarlo con sus obras, hacer las obras de un hijo de Dios, por eso es que el cristiano es diferente, el verdadero creyen vive de acuerdo a la palabra de Dios no conforme a los tiempos de los hombres. La iglesia es la sal de la tierra, es la estrella, el lucero, es la luz resplandeciente. La iglesia es símbolo de Cristo y debe vivir de acuerdo a como Cristo vivió.

Se engañan los científicos con su religión y sus preceptos, y sus leyes, se engañan si piensan que sólo existe la realidad material que podemos percibir con nuestros sentidos, se engañan si creen que la creación ha sido producto del cao, de una explosión, del azar, se engañan si creen que no hay un Dios Creador, lo mismo sucede con las religiones de la tierra, se engañan si creen que agradan a Dios viviendo para él y viviendo para el mundo. No se puede servir a dos señores, dijo Jesús. La iglesia está en el mundo para dar testimonio de la grandeza de Dios. Por eso es que ni la ciencia ni la religión pueden salvar a la humanidad del día del Juicio Final.

No hay ciencia verdadera como tampoco hay religiones verdaderas. Sólo existe una iglesia que agrada a Dios y esa es la iglesia sobre la cual está la roca, la roca que es Cristo. La iglesia de Jesucristo que predica un evangelio de Santidad, un evangelio que no se perfuma, que no se mordeniza, que no se corrompe, es la fuerza del mensaje de Dios traído a la humanidad por nuestro Señor. No hay dos caminos, sino uno, no hay dos evangelios, sino el de Cristo, no hay dos verdadades, sino la revelada por Dios. Hay una vereda de luz y otra vereda de tinieblas. Los que caminan por la senda de la luz serán justificados por Cristo y heredarán la vida eterna, los que sigan por la puerta ancha irán a la perdición y a la condenación eterna.
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En un principio fuimos creados para vivir por toda la eternidad. Dios nos creó a su semejanza. Nos dio una imagen igual que la suya. Simplemente Dios creó una realidad distinta a la del tercer cielo en el cual se encuentra. Dios creó una realidad material con el hombre y creó todas las leyes para que rigieran en este mundo material.

Pero aunque Dios creó la materia le dio las mismas propiedades de la realidad espiritual, la materia no podría ser reproducida por el hombre, sino que conocería sus leyes y podría transformarla.

Esa nueva forma de materia sólo se encontraría en el nuevo universo creado y en nuestro sistema, y en todos los lugares que Dios le daría al hombre para habitar, una vez este planeta fuera totalmente habitado por la raza humana. La muerte no exisístía y nada era pelegroso para el hombre.

Así que fuimos creados diferentes a todas las demás criaturas del universo y del tercer cielo. Dios creó a un pequeño dios que sería capaz de reinar en el universo desde el planeta tierra. Tal como Dios organizó a nuestro planeta, el hombre organizaría los demás lugares del universo.

Pero como he dicho muchas veces, el ser humano le dio la espalda a su Creador y fue echado del Paraíso y perdió todos sus atributos y sus poderes, adquirió la muerte y la vejez y fue maldito conjuntamente con toda la creación.

Ahora, muy cerca, la humanidad habrá de responder ante su Creador por toda la maldad y el pecado cometido en estos seis mil años.

La humanidad enfrenta una acusación que es digna de muerte. Los seres humanos condenan a la pena de muerte a un asesino aquí en la tierra. La humanidad se enfrenta al delito de asesinato en primer grado, un asesinato con alevosía, un asesinato planificado, basado en una calumnia y en falsos testimonios, la humanidad se enfrenta al asesinato del Hijo de Dios.

El pecado de la humanidad llegó al colmo de los colmos, matamos sin piedad al autor de la vida. Nadie podrá escapar del juicio, creyentes o no creyentes, si no somos encontrados en el libro de la vida seremos sentenciados a muerte sin posiblidad de apelación alguna.

Sólo hay una esperanza para aquéllos que reconozcan a Jesús como su Redentor y Salvador. Sólo habrá salvación para aquéllos que confiensen a Jesús delante de los hombres, para aquéllos que acepten su sacrifio en la cruz del Calvario.

La hora viene y la hora está cerca cuando seamos llamado a ese Gran Juicio Final. Ya es la hora para que busque al único abogado que puede ganar tu caso, no habrá nadie más que pueda librarte, no te dejes engañar, no hay otro nombre en quien podamos ser salvo, sólo Jesús pagó nuestro precio en la cruz del Calvario.No habrá posibilidad si mueres sin aceptar al Señor. Satanás ha sembrado la semilla de la mentira, ha introducido doctrinas de demonios en muchas religiones, les ha hecho creer a muchos que después de la muerte podemos ser salvos si nos rezan, si prenden velas, si se reza a los muertos, a los santos, eso es un vil mentira, después de muerto nadie puede hacer nada por ti. Es ahora, en vida, el problema es tuyo y de Jesús. El Padre no escuhará a nadie más, no aceptará a otro defensor el día del Juicio Final, nadie pudo desatar los siete sellos del libro, nadie murió por ti, sólo mi Señor. Ahora, mientras vivas puedes ir a sus pies, puedes orar en silencio en tu cuarto, puedes aceptarlo y vivir de acuerdo a sus enseñanzas. Jesús es nuestra única puerta a la vida eterna.

Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pies ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras
Apocalipsis 20:12

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:15
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No hay razón alguna para ser condenado para siempre a arder en un lago de fuego y azufre. No es una tontería. Existe ese lugar, es tan real como la luna, como Marte como nuestro planeta. No es un absurdo. Es una realidad latente que muy pronto millones conocerán.

Nuestro planeta mismo puede convertirse en ese infierno. Basta con que se abra la tierra por todas partes y deje escapar la lava hirviente de su interior, basta con que el sol aumente unos cuantos grados su calor para que vivamos ardiendo, ya que no habrá más muerte, el tormento será eterno. Basta con que nos alejemos unos grados del sol para convertir esta tierra en un inmenso refrigerador. Así que no sería difícil convertir a esta tierra en ese lugar de tormentos que nos habla el libro de Apocalipsis.

Jesús pagó el precio por la salvación de la humanidad. Con su muerte todos fuimos inscritos en el libro de la vida. Pero no todos permaneceremos inscritos. El cuento de una "vez salvo, siempre salvo" es un gesto de bondad de Satanás, suena lindo pero como todo lo que él afirma es un mentira. Debemos permanecer hasta el final en el camino de Jesucristo para poder ser salvo.

El ser humano simplemente debe recibir a Cristo como su Salvador, reconocer su sacrificio y nacer de nuevo, ser una nueva criatura bautizada en las aguas y en el poder del Espíritu Santo, aceptar a Cristo no es aceptar a una religión, las religiones no salvan, ser salvo significa un nuevo nacimiento, salir de las tinieblas a la luz, escapar del mundo, no seguir atado a él, nacer de nuevo es creer en el evangelio de nuestro Señor y llevarlo a otros para que puedan ser salvos. Cuando creemos en Jesús somos encomendados por el mismo Dios para servir de soldados, de predicadores. No hay tiempo para organizar ministerios ni construir templos, sino para ir en pos de las ovejas perdidas. Esa es nuestra misión sembrar la buena semilla del evangelio de Jesucristo, es más, no debemos esperar que la semilla germine, pues, uno es el que siembra y otro el que cosecha. Nuestra gran encomienda es sembrar la semilla, no importa si cae entre los espinos, entre piedras, en la orilla de la vereda o en tierra fértil.

Jesús nos ordena ministros de su iglesia universal, Jesús nos ordena ir a predicar el evangelio a todos los seres humanos. Nadie fue llamado para estar sentado en un silla en el templo, nadie fue llamado a estar sentado a escuchar hermosos sermones, nadie fue llamado a construir templos de manos de hombres, nadie fue llamado a convertir el templo en una plaza de mercadeo,todos fuimos llamado a sembrar la semilla del evangelio de Cristo, no necesitamos hablar, tener muchos estudios, ser eruditos y sabios, simplemente hablarle al vecino, al amigo, al hijo, a la familia de que Cristo es la única puerta de escape hacia la eternidad.

No es hora para seminarios, conciertos, fiestas, actividades, conferencias, es hora para que la iglesia completa salga a las calles a llevar el mensaje del último tiempo, Dios nos ha de pedir cuenta por las ovejas que se pierden mientras pasamos todo el tiempo en los templos escuchando las pamplinas de la prosperidad, los sermones sicológicos, las charlas sobre productos naturales y consejería espiritual. Para dirigirnos y enseñarnos la verdad fue enviada el Espíritu Santo.
No importa lo bien organizada que esté una congregación, no importa cuántas cosas haga, sino es dirigida por el Espíritu Santo en vano trabaja.

Mientras se pierde el tiempo organizando asambleas las ovejas descarriadas están en peligro de muerte. Hacer lo primero no es malo, pero dejar de hacer lo segundo es muy horrible, pues sabiendo que anda un león rugiente cerca del templo lo dejamos que devore a las ovejas perdidas. No hay más importante para una congregación que sembrar la semilla de la palabra de Dios, no de sembtar dinero para recibir mucho más a cambio como algunos predican, o para recibir un milagro de Dios, no, debemos sembrar la semilla de la palabra libertadora y si logramos rescatar a un pecador habrá gozo y alegría en el cielo.

Vamos a reflexionar, ¿qué es más importante?¿organizar muchas actividades u organizar un Escuadrón de Fe para ir en pos de la oveja descarriadas? Todos podemos organizar un grupo de rescate en nuestras iglesias, eso no cambiará la estructura organizativa, por el contrario cada vez que salgamos a la calle en busca de la oveja perniquebrada Dios nos llenará de ricas bendiciones.
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